LA DIPLOMACIA, MI PARADIGMA DE VIDA
El siguiente artículo es tomado de mi exposición de motivos acerca de los móviles que me llevaron a estudiar relaciones internacionales para posteriormente comenzar la formación diplomática en el Instituto Artigas de la Cancillería.
Al presentarnos para rendir examen de admisión para los puestos de Secretario de Tercera (puesto mínimo en el escalafón de la carrera diplomática) se nos solicita entregar un documento en el que damos fe de nuestra vocación por los asuntos internacionales. Año 2008.
Realizar un viaje por los caminos de las motivaciones personales que le mueven a uno a elegir, defender, perseguir y conseguir una carrera, no es tarea fácil. Sí es menos ardua la tarea, cuando tomamos como punto de referencia fundamental la vocación y a través de ella intentamos explicar qué significa abrazar y aprehender un concepto desde muy temprana edad y madurarlo con el correr del tiempo, hasta convertirlo en nuestra fuente de crecimiento personal, de recreación mental, de medio de vida.
Como síntesis de mi primer esbozo de vocación, significa para mí, el estudio de la diplomacia en general, de las relaciones internacionales, de las relaciones exteriores de Uruguay en particular, una fuente que nutre y alimenta aquellas fibras que cada día me impulsan a ir tras la honestidad intelectual.
Una vez comenzado entonces el camino de la exposición de motivos personales que me conducen a la elección de esta carrera, habiendo intentado la definición de lo vocacional, me adentro en lo paradigmático del fenómeno. Entiéndase por paradigmático, el hecho de ser absolutamente consciente de que inmerso en el estudio y práctica de la diplomacia, significa adoptar posiciones con altura y responsabilidad de carácter nacional, es lo mismo que decir, en todas mis acciones regirme naturalmente por códigos deontológicos que aún actuando en los planos más privados de mi vida no serían contrarios o irreconciliables con los principios de conducta o aplicación en la tarea pública.
En última instancia de mi exposición de motivos, me referiré al aporte que personalmente le puedo hacer a mi Nación y su gente actuando en el oficio diplomático, cuál es, a mi entender la idea funcional del funcionario diplomático en los tiempos actuales y en los venideros.
Desde lo funcional, me atreveré a ver más allá, sin caer en la utopía saint simoniana arriesgaré una idea del perfil "ideal" del práctico de la diplomacia uruguaya en las postrimerías de la primer década del polémico, temido, respetado y controversial año 2000.
Mi familia es del interior, una típica familia de padre trabajador y madre encargada de las tareas del hogar y dedicación extremadamente esmerada en la crianza de sus hijos.
Asistí a una escuela pública, la que recuerdo con nostalgia cada vez que en mi vida corriente veo niños llevando sus túnicas blancas y moñas azules, ya estoy muy cerca de presentarles la oportunidad en que por primera vez escuché la palabra DIPLOMACIA. Fue en la casa de mi abuela materna quien vivía exactamente frente a la escuela.
Una de las incontables veces en que visité por las tardes a mi abuela, luego de terminar el horario de clases, escena repetida, casi idéntica, ella sentada de espaldas a la puerta, estudiando exageradamente los gestos que veía en la televisión, dado su dificultad auditiva. Volumen alto en los parlantes del aparato y de pronto un grito característico de sorpresa cuando percibía la presencia de quien llegara. Pude haber escuchado por mucho tiempo mientras jugaba el ruido de fondo del aparato, pero solamente una palabra registré aquel día de la catarata de noticias y relatos del acontecer nacional e internacional que brindaba el noticiero.
Esa palabra fue DIPLOMACIA, recuerdo ir en el camino de vuelta a mi casa ya con mis padres y preguntándome qué significaba eso, les consulté a mis mayores, pero la verdad es, no recuerdo cual fue la explicación.
Sí tengo la idea de haber pensado que se trataba de una actividad en la que la persona dedicada a tal actividad, debería leer incansablemente, estudiar, vestir pacatamente, casi con austeridad, una persona de semblante calmo, de maneras cuidadas y teniendo como escudo el grueso y negro armazón de sus anteojos. Actuando en una habitación llena de nada, de casi nada, de mucho espacio, apenas una mesa frente a la ventana teniendo como marco, una pared cubierta de papeles, títulos, diplomas.
Diplomas que no sólo certificarían la trayectoria del individuo, pero que también darían razón de ser a la existencia del recientemente nacido para mi léxico, vocablo DIPLOMACIA.
Desde entonces la idea comenzó a tomar forma ,fui comprendiendo el real significado y la primer manifestación de interés por la actividad internacionalista la tuve con el intercambio epistolar con las distintas embajadas de los distintos países acreditados en Uruguay, era una fiesta recibir el sobre con material de manos del cartero para el Sr.Mario Tornielli, para después compartir con los demás niños en la escuela y comparar que tipo de material habían recibido ellos de la misma embajada. En mis vacaciones de invierno solía retirarme en el campo en casa de mis tíos y allí cultivé el arte de informarme por radio, muy temprano por las mañanas, al medio día y a la noche, actitud que entiendo, es un síntoma temprano del interés por la actividad internacionalista en los niños.
Mi segunda reverencia hacia la elección que continuaba tomando forma, fue la elección de la orientación humanística, opción Derecho en la secundaria y de la mano de esa elección vino el hecho de comenzar a estudiar de manera particular francés y portugués, al inglés lo conocí a los ocho años de edad y desde entonces siempre continué aprendiendo más y más de la lengua de Shakespeare. Afortunadamente pude conocer el idiioma italiano en el liceo también, de lo que estoy muy orgulloso y agradecido a mis formadores, porque me permitió realizar la investigación durante cuatro años de mis ancestros familiares en Italia para obtener la ciudadanía italiana.
Ante la responsabilidad de decidir oficialmente una carrera universitaria, no lo dudé, simplemente fue para mí el hecho de inscribirme en la carrera Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad de la República, como la confirmación documentada de lo que toda la vida fui trabajando en mi interior, estudiar duro, y llegar algún día a ser un funcionario diplomático de carrera, respetable y reconocido por su solvencia y dedicación.
Tuve la oportunidad de realizar "trabajo de campo", de experimentar el mundo aún faltándome dos exámenes para culminar la licenciatura, fui; "Embajador Cultural de Uruguay y de Amity" en Saint Paul, MN, Estados Unidos. Un programa de intercambio cultural basado en la enseñanza del idioma español con especial énfasis de la cultura latinoamericana en general y en la idiosincracia uruguaya en particular. En esta experiencia, entendí que natural y claramente poseo las condiciones necesarias para representar a mi país y funcionar como un canal de información entre nuestros hermanos del mundo y mis hermanos uruguayos.
Siempre estuvo en mi mente la concepción franca de que mi pensar, decir y proceder, eran el pensar, decir y proceder de un grupo humano con características inconfundibles, ubicado en la margen oriental del Río Uruguay.
Un paradigma es según Kuhn "una serie de postulados fundamentales sobre el mundo, que centran la atención del estudioso sobre ciertos fenómenos, determinando su interpretación...".
Más concretamente el concepto de paradigma puede definirse, siguiendo a Vásquez: "...como las suposiciones fundamentales que hacen los especialistas sobre el mundo que están estudiando. Estas suposiciones proporcionan respuestas a las preguntas que deben ser planteadas antes de que empiece la teorización. Al responder a estas cuestiones, las suposiciones fundamentales forman una representación del mundo que está estudiando el especialista y le dicen lo que es conocido sobre ese mundo, lo que es desconocido, cómo debería verse el mundo si se desea conocer lo desconocido, finalmente, lo que merece conocerse..."
Me respaldo luego de una selección cuidadosa en estos pensadores para darle un marco teórico a mi percepción de la realidad, que no es otra que la profunda convicción de que entiendo tener las condiciones requeridas para formarme y desarrollarme como un funcionario diplomático digno de llevar el nombre de su país en alto, por cualquier ángulo del globo en el que se encuentre.
No solamente mi Don de Gentes natural, pero también mi preocupación en el esmero diario, en la profundización del conocimiento y en la actualización continua en lo referente a comprender el acontecer internacional con la perspectiva desde Uruguay, pero también con una visión global que me permite trabajar el adecuado análisis crítico para poder hacer una lectura transversal y trascendental de los hechos.
Finalmente, me permito reflexionar sobre uno de los aspectos que considero serían básicos en la tarea de representación oficial de nuestro país en el extranjero, por parte de los funcionarios actuando en el marco de sus respectivas misiones en distintos lugares geográficos. Es la necesidad imperiosa de conocimiento de nuestro propio país, de la riqueza natural de cada uno de nuestros diecinueve departamentos, de las distintas producciones en cada región, de los comportamientos de los grupos humanos de acuerdo a sus realidades y necesidades. En resumidas cuentas, entiendo y lo proyecto en mi futuro desempeño en la actividad diplomática, que si no conozco mi país, lo que produce y qué necesita, no podré construir puentes vinculares entre otros Estados y el nuestro, por ende el resultado sería la imposibilidad de entablar negociaciones exitosas.
Es una utopía, porque la pienso hoy, mas mañana habrá de ser un sueño que en el futuro convertiré en realidad; mi familia, amigos, conocidos y compatriotas se sentirán orgullosamente representados en las esferas públicas, por la sencilla razón de comprender que nuestra actividad es seria, útil y ejecutiva.
Ni más ni menos, que una fuente de HACER, por y para el bien de nuestro hermoso país y su maravillosa gente.